miércoles, 1 de abril de 2015

Philip K. Dick - El Tiempo se acelera


Como ya dije anteriormente, mis dos preocupaciones en mi literatura son "¿Qué es real?" y "¿Qué es el hombre auténtico?". Estoy seguro de que podéis ver que no he podido responder a la primera pregunta. He estado usando la intuición de que de algún modo el mundo de la Biblia es una zona literalmente real pero velada, inmutable, oculta de nuestra vista, pero alcanzable para nosotros mediante la revelación. Esto es todo lo que he alcanzado - una mezcla de experiencia mística, razonamiento y fe. Me gustaría decir algo acerca de los rasgos del hombre real, también; en esta aventura he obtenido respuestas más plausibles.
El ser humano auténtico es uno de nosotros que instintivamente sabe lo que no debe hacer, y, además, se opondrá a hacerlo. Se negará a hacerlo, incluso si esto conlleva graves consecuencias para él como para aquellos a quienes ama. Éste, para mí, es el definitivo rasgo heroico de la gente normal; ellos dicen no al tirano y con calma acogen las consecuencias de la resistencia. Sus actos pueden ser pequeños, e incluso casi siempre desapercibidos, sin señal en la historia. Sus nombres no son recordados, ni estos auténticos humanos esperaban que sus nombres fueran recordados. Veo su autenticidad en un modo extraño: no en su desgana al realizar actos heroicos sino en sus negativas silenciosas. En esencia, ellos no pueden ser obligados a ser lo que no son.
El poder de las realidades falsas golpeándonos hoy - esas mentiras manufacturadas deliberadamente nunca penetran en el corazón de seres humanos de verdad. Observo a los chicos viendo la televisión y lo primero que me preocupa es lo que les están enseñando, y entonces me doy cuenta, Ellos no pueden ser corrompidos o destruidos. Ellos observan, ellos escuchan, ellos entienden, y, entonces, donde y cuando es necesario, ellos rechazan. Hay algo enormemente poderoso en la habilidad de un niño de evitar lo fraudulento. Un niño tiene el ojo más claro, la mano más firme. Los vendedores, los promotores, están atrayendo la lealtad de estas pequeñas personas para nada. Es verdad, las compañías de cereales pueden ser capaces de vender grandes cantidades de copos para el desayuno; las cadenas de hamburguesas y perritos calientes pueden vender cantidades infinitas de unidades de comida rápida irreal a los niños, pero el profundo corazón late firmemente, sin ser alcanzado ni manipulado. Un chico de hoy puede detectar una mentira más rápido que los más sabios adultos de hace dos décadas. Cuando quiero saber qué es verdad, pregunto a mis hijos. Ellos no me preguntan; yo me vuelvo a ellos.
Un día mi hijo Christopher, de cuatro años, estaba jugando ante mí y su madre, nosotros, los dos adultos, comenzamos a discutir la figura de Jesús en los Evangelios Sinópticos. Christopher se giró hacia nosotros un momento y dijo, "Yo soy un pescador. Pesco por el pescado". Estaba jugando con una linterna de metal que alguien me había regalado, que yo nunca había usado... y de repente me di cuenta de que la linterna tenía forma de pez. Me pregunto qué pensamientos estaban siendo colocados en el alma de mi pequeño niño en ese momento - y no colocados por vendedores de cereales o caramelos. "Yo soy un pescador. Pesco por el pescado". Christopher, a la edad de cuatro años, había encontrado la señal que yo no encontré hasta que tenía cuarenta y cinco años. El tiempo se está acelerando. ¿Y a qué fin? Quizá nos lo dijeron hace dos mil años. O quizás no fue hace tanto; quizás es una ilusión el que haya pasado tanto tiempo. Quizás fue hace una semana, o incluso hoy hace un rato. Quizás el tiempo no sólo se está acelerando; quizás, además, va a terminar.

Terence sobre el eScAtOn

Inmanentizar el Escatón significa intentar que el Escatón (lo trascendente, increado, espiritual, o el futuro; El fin de los días) se manifieste en el mundo inmanente (dentro de los límites de la experiencia factible)